Vulgata significado bíblico

vulgata

Definición. El significado bíblico de Vulgata es 'divulgada' o 'dada al público'. Es importante decir que esta palabra no aparece en la Biblia. Más bien, fue una traducción de la misma, la cual fue realizada más o menos por el siglo cuatro de nuestra era. Fue hecha al latín por Eusebius Hieronymus, mejor conocido como Jerónimo, un erudito muy respetado.

Quién fue Vulgata

Un clérigo, teólogo, historiador y traductor de la Biblia que vivió entre el 340 y el 420 de nuestra era. Él dominaba muy bien el latín, y lo conocen por haber traducido las Santas Escrituras de las lenguas originales. Él es también considerado un Padre, y las iglesias católica, ortodoxa, luterana y anglicana lo reconocieron como santo.

Además, él murió en septiembre. Por eso, cada año, el 30 de dicho mes se celebra el Día Internacional de la Traducción para honrarlo. Por otra parte, vale la pena destacar sobre Jerónimo es su amplio conocimiento del latín, hebreo y griego bíblicos. De hecho, este primero fue su lengua materna, y en los otros dos tenía un gran conocimiento.

Otra cosa que también es interesante destacar acerca de este traductor son algunos de los atributos que los representaban. Por ejemplo, un sombrero, ropa de cardenal, una cruz e incluso materiales de escritura. En ocasiones, también con un león. Sin embargo, hay que decir que es muy probable que este último fuera más por una confusión con San Gerásimo.

La Vulgata por Jerónimo

Él hizo una enorme aportación a la Biblia. En sus días, había ya diversas traducciones de las Santas Escrituras; sin embargo, ninguna era de tan buena calidad. Con la intención de corregir eso, el Papa Dámaso I le dio la tarea de hacer una traducción de la Biblia de griego y hebreo al latín. Esta fue publicada en el siglo cuarto.

Hay que decir que, al principio, su obra no fue bien recibida. Sin embargo, con el tiempo llegó a tener una amplia aceptación. Tanto fue el hecho que, en el 1542, fue declarada como la traducción oficial de la Iglesia Católica latina en el Concilio de Trento. Y luego de varias revisiones, en el 1592 llegó a ser aceptada como tal.

Jerónimo tradujo primero los Evangelios, después los Salmos y por Último el resto de las Escrituras. Y algo que vale la pena decir es que, en el prólogo de los libros de Samuel y Reyes, dijo que el Tetragrámaton todavía se podía hallar en algunos manuscritos de su época. De esa forma, reconoció que Dios tiene un nombre.

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