Jahmái significado bíblico

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Definición. El significado bíblico de Jahmái es él me protege. Este hombre era el nieto de Isacar y bisnieto de Jacob. Llegó a ser una de las cabezas de las casas paternas de su tribu. Sus descendientes formaron un gran ejército de guerreros destacados. Estos ayudaron a David a librar sus batallas con los enemigos de Israel.

¿Qué labor relevante cumplió el padre Jahmái?

Antes de que los israelitas pidieran a Samuel un rey que los gobernara, ellos se guiaban por los profetas y jueces. De la familia de Isacar, uno de sus hijos asumió la posición de juez, ese se llamaba Tolá. Uno de sus descendientes era Jahmái. Este hombre sirvió como gobernante provisto por Dios durante unos 23 años.

La responsabilidad de Tolá consistía en llevar la delantera entre sus hermanos. Asimismo, se esperaba que su familia, incluido Jahmái, se comportaran a la altura de los privilegios de su padre. De esa manera, nadie podría menospreciar la labor que ejercía, sino que lo alabarían porque los miembros de su casa eran ejemplares.

Aunque en las santas escrituras se menciona una sola vez a Jahmái, al parecer este tuvo una conducta recta. La razón de esta conclusión es que, si no hubiese seguido las normas de Jehová, su mal proceder estaría en el reflejado en el registro bíblico. Lo que mancharía su nombre y el de su tribu.

¿Qué características tenía Jahmái y su casa?

Este hombre pertenecía a la familia de Isacar, el noveno hijo de Jacob. Antes de morir el patriarca, llamó a cada uno de sus descendientes y los bendijo. Además, les mencionó algunas de las cosas que pasaría con sus familiares. En cuanto al bisabuelo de Jahmái, indicó que sería una poderosa y asidua bestia que llevaba dos cargas. Es decir, todos sus miembros tendrían la disposición de trabajar tanto por la paz como en la guerra.

Los hombres de esa casa doblaron sus espaldas para asumir la responsabilidad de mantener a los suyos. Además, siempre tuvieron una actitud valerosa a la hora de combatir a los enemigos. Fue tan evidente sus habilidades para la guerra que Barac y Débora los alabaron por enfrentar con destreza a sus opresores.

Su valor y celo por la autonomía del pueblo de Dios quedó en evidencia, cada vez que tomaban la delantera ante la llamada de liberación. En los días de David, 22.600 de ellos formaron un grupo que escoltó al monarca, con el objetivo de poner la soberanía real en sus manos.

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