Aramaico significado bíblico

aramaico

Definición. El significado bíblico de Aramaico, tiene que ver con una lengua aramea que data de muchos siglos de antigüedad. Dentro del contexto religioso, se sabe que aparece en el libro de Noé y que proviene de Aram, uno de sus descendientes más íntimos.

Asimismo, el Aramaico se relacionó de manera cercana con los dialectos semitas que fueron tan relevantes para los hombres de la Biblia. Y que más adelante, cambiaron de forma significativa hasta convertirse en los lenguajes de la modernidad que empleamos hoy en día.

Vídeo sobre el significado bíblico de Aramaico

https://www.youtube.com/watch?v=JJEVNN5PLdQ

Ahora bien, el Aramaico tuvo gran relevancia dentro de las sagradas escrituras. La razón es que, existieron textos escritos en tal lenguaje. Siendo así, que se le catalogara como una lengua dominante con la misma importancia del hebreo y el árabe.

Es por ello, que el Aramaico se extendió sobremanera hasta llegar a un montón de condados, ciudades y regiones. En donde, dio a saber nuevos sistemas comunicativos que facilitaron en gran medida la vida de los hombres tal y como la conocían.

Lo más resaltante del Aramaico, es que sirvió para llevar el mensaje de la Biblia y su contenido a aquellas personas que hasta ese momento no se encontraban en la fe de Cristo.

Por lo tanto, es válido afirmar que sirvió como un medio de conexión entre las naciones. Y que a la par, tuvo un propósito mayor en el que se involucraba la presencia y la salvación propuesta por Cristo.

Aramaico y occidente

Ahora bien, el Aramaico fue el idioma semita del occidente y a él se relacionaron diversos personajes que figuran en la Biblia.

Uno de ellos fue Labán, quien lo empleaba en su vida cotidiana, a diferencia de Jacob, que se decantaba por el hebreo. Tales aspectos podemos apreciarlos a través de los escritos del Génesis.

Por otra parte, el Aramaico también fue esencial en la diplomacia de los asirios. Así podemos observarlo en 2 Reyes 18:26 'Entonces dijo Eliaquim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa, al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no en lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre el muro.'

De tales palabras podemos reflexionar que el Aramaico y el hebreo se valían de notables diferencias que hacían que los ciudadanos de Jerusalén no le entendiesen a la perfección.

De hecho, se presentaron casos en los que se pretendía manipular a la población con el fin de que cometieran pecado ante los ojos de Dios al momento de adorar falsas deidades.

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