Zaranda significado bíblico

zaranda

Definición. El significado bíblico de zaranda, es herramienta que posee diversos huecos y que se empleaba en los tiempos antiguos con el fin de separar partículas. Las que, eran para limpiar un material o mezclas de diversos tamaños. A su vez, también se le llamaba cedazo, harnero o tamiz. Tal término viene de Siníon del griego original.

Por su parte, la zaranda se usaba para cernir y se componía de un aro o marco, el que podía asegurarse con la ayuda de un cuero. Bien fuera, a un tejido agujereado o tela metálica, con el fin de separar lo más fino de la harina o de otras sustancias. Aun cuando en la actualidad se utiliza en diversas actividades, en este caso tenemos el ejemplo de la construcción, al apartar la arena que contiene piedras.

La zaranda del trigo

Cuando hablamos del trigo debemos explicar que este, después de que se recogía del campo, tenía que pasar por un proceso de limpieza por medio de la zaranda. De ahí, que la Biblia lo expresa de forma simbólica en Lucas 22:31 'Simeón, mira que satanás pidió permiso para sacudirlos a ustedes como se hace con el trigo.' Por tanto, solo por medio de este instrumento, podía efectuarse la separación de las dos naturalezas, la terrenal y la celestial.

Otro testimonio de la zaranda se expresó en las escrituras en amos 9:9 y nos indica lo siguiente 'Entonces di órdenes y que se sacuda a Israel entre todas las naciones, como se limpia el trigo en el harnero para que no pase ni una piedrecita.' Por lo tanto, se echa a ver el zarandeo que tendría que soportar la casa de los hijos con el fin de separar de ella la los pecadores de los fieles.

Zaranda en nuestra vida cristiana

Cuando se menciona a viva voz la palabra zaranda en la vida cotidiana, quiere decir que debemos depurar, limpiar, purificar, separar o seleccionar. Se trata de, quitar esas impurezas que existen en nuestro corazón, por ello, es importante que comprendamos estos aspectos. Ya que si no es así, puede haber mucha confusión del por qué Dios lo permite y cuáles son sus circunstancias.

No debemos temer a la zaranda, teniendo en consideración que nos ayudará a separar lo bueno de lo malo; tampoco ceder al diablo. Puesto que él, lo hace con el permiso de Dios, pero sin antes tener la intercepción de Jesucristo.

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