Eneldo significado bíblico

eneldo

Definición. El significado bíblico de eneldo es una hierba aromática que es bastante similar al anís. Esta planta puede crecer en cualquier parte y alcanzar una altura de alrededor de 50 cm. Las hojas de la misma poseen un color verde claro y produce flores con forma de ramilletes que son amarillas. El eneldo tiene diversos usos, pero son bastante utilizadas como condimento, medicina y aroma.

Cultivo y uso del eneldo

Esta planta se sembraba desde la antigüedad en el Oriente Medio, Grecia y Roma. En la actualidad abunda muchísimo en la región oriental al mar Mediterráneo. Esta planta florece una vez al año, y a menudo no mide más de 50 cm. Sin embargo, en algunos casos puede superar el metro de altura. El tallo, igual que sus hojas, es verde y posee una médula clara muy notoria.

En la parte superior se ramifica y entrega muchas umbelas planas. Esta planta también tiene la particularidad que no se da bien en climas fríos ni lluviosos. Sin embargo, el suelo en donde esté sí que debe ser húmedo, más no encharcado.

Para recolectar la semilla hay que cortar los tallos, luego se ata una bolsa sobre cada una de las flores y se cuelgan las ramas. Las semillas y otras partes del eneldo se utilizan de diversas formas, incluso en la actualidad. Por ejemplo, toda la planta se puede usar en la cocina, y sus ramas se usan también para usos medicinales.

El eneldo en la Biblia

En las Santas Escrituras, dicha expresión casi no aparece. De hecho, en algunas traducciones solo se cita una vez. Fue cuando Jesucristo confrontó a los fariseos por su hipocresía. Lo que sucedió fue que, como siempre, Jesús era muy amable y bondadoso con la gente, la ley enseñaba. Esto lo hacía pese a no ser un rabino o maestro de la ley.

Ahora bien, los fariseos eran todo lo contrario a él, aunque deberían haberlo imitado. Por ser guías, su propósito era ayudar y tratar con bondad a la gente; sin embargo, eran arrogantes e hipócritas. Se preocupaban por detalles pequeños, como dar el diezmo del comino y el eneldo, pero no por mostrar bondad y hacer justicia.

En cierta ocasión, mientras enseñaba, Jesús desenmascaró la mala conducta y el duro corazón de los fariseos. Enfatizó que eran unos hipócritas, ya que se preocupaban más por aparentar ser buenos y justos que por serlo. Dijo que daban hasta la mínima parte del diezmo, pero no por obedecer lo más pesado de la ley: la justicia y la misericordia.

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