Procónsul significado bíblico

proconsul

Definición. El significado bíblico de procónsul es una persona que se ejercía como magistrado del imperio romano. A este funcionario se le asignaba la responsabilidad de gobernar una provincia, con jurisdicción e insignias consulares. Él debía entregar cuentas de su trabajo ante el senado.

¿Por qué existía la figura del procónsul en Roma?

El emperador Augusto, al asumir su gobernación, decidió que todos los distritos que necesitaran la presencia de las fuerzas militares estuvieran bajo su mando. Las provincias que no requirieran su atención especial y continua, estarían dentro de la administración de un funcionario de su confianza.

Para que una persona recibiera el privilegio de ser un procónsul, debía pertenecer a dos clases de oficiales: los ex cónsules y los ex pretores. El primer grupo, los enviaban a Asia y África, donde se encontraba la guardia pretoriana, y los segundos, al resto de los distritos. Ellos se estarían gobernando en una de las diez provincias que había establecido el emperador.

El procónsul tenía la autoridad suprema en su región, por lo cual debía tomar las decisiones en asuntos civiles y judiciales. Además, era su responsabilidad mantener el orden y la ley entre los habitantes de su provincia. Sin embargo, no era su deber, ni derecho asumir la recaudación de impuestos.

Aunque su palabra era de suma importancia y se respetaba como si fuera del emperador, en ocasiones se podía buscar un dictamen superior. Esto sucedía, en especial, si un ciudadano romano apelaba su derecho de ser atendido por el César. En ese caso, las acciones estaban sujetas al examen que hacía el senado.

¿Por qué tuvo Pablo que comparecer ante un procónsul?

En uno de sus viajes misionales, el apóstol, junto a su compañero Bernabé, se les llamó para que se presentaran delante de la máxima autoridad en Chipre. El objetivo era darle el mensaje que llevaban a otros. Este procónsul, Sergio Paulo, se interesó en oír la palabra de Dios.

Como tenía un corazón dispuesto, se convirtió al cristianismo y siguió los pasos de Cristo. Ahora bien, Pablo no siempre tuvo una buena experiencia con las autoridades romanas. Cuando Galión era el procónsul de Acaya, los judíos que no aprobaban su obra lo acusaron ante el funcionario.

Lo culpaban de promover la adoración a Dios de manera contraria a lo que establecía la ley. Por eso, el gobernador les dijo que si era un asunto de nombres, palabras o sus costumbres, debían resolverlo entre ellos.

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