Plomada significado bíblico

plomada

Definición. El significado bíblico de plomada es una herramienta que se utiliza para medir una línea vertical. Está formada por una cuerda de la que cuelga una pesa de metal, piedra o arcilla. Esa pieza es lo que hace que se mantenga recta. Era un utensilio que se empleaba en la construcción.

¿Quiénes tenían una plomada en la antigüedad?

Los carpinteros, albañiles y artesanos necesitaban de este tipo de herramientas en sus labores, para medir de forma horizontal y vertical. Con esto, conseguía que sus objetos o muros tuvieran una línea recta y perpendicular. Cuando los israelitas volvieron del exilio en Babilonia, Zorobabel y Sealtiel comenzaron a restaurar la casa de Jehová.

Todos los que regresaron participaron en esta obra. Los levitas mayores de 20 años eran los que tenían la responsabilidad de supervisar la reconstrucción. Cuando se referencia a esta actividad, se plasma a Zorobabel con una plomada en la mano. Así se mostraba la supervisión y ejecución del trabajo.

Este hombre colocó el fundamento del templo y se encargó de vigilar que se culminara. Eso formó parte del cumplimiento de una profecía. A él lo acompañaron el copista Esdras, el profeta Zacarías y Ageo. Esta actividad estaba avalada por el Dios de Israel, Ciro, Darío y el rey Artajerjes.

Uso simbólico de la plomada en la Biblia

En las santas escrituras, se usan ciertas expresiones en un sentido figurado para representar una situación. Estas pueden ser parte de una profecía o un mensaje que se le daba a una persona sobre un suceso del momento. En el caso de la plomada, el profeta Amós vio a Jehová recostado en un muro que se había levantado utilizando este instrumento.

Dios sostenía un utensilio (plomada) con el que medía a su pueblo. Es lamentable que los israelitas no pasaran esta prueba, ya que no tuvieron una actitud recta ante sus ojos. Su espiritualidad no cumplía con los requisitos divinos y se había manchado con muchas traiciones con deidades falsas.

Con esta visión, Jehová le estaba dejando ver al profeta que él haría justicia y no volvería a excusarlos por su mal proceder. Esto implicaba que los desalojarían de sus lugares altos y no gozarían de su protección ante las naciones enemigas.

Sus santuarios los eliminarían y cualquiera podía conquistarlos. El cumplimiento de esta profecía sucedió cuando los asirios destruyeron a Samaria en el año 740 a. E.C., demostrando que Jehová se levantó contra la casa de Jeroboán con una espada.

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