Hurto significado bíblico

hurto

Definición. El significado bíblico de hurto es un acto deliberado de quitarle a otro lo que le pertenece. Las personas que participan en estas actividades, por lo general, lo hacían sin el consentimiento del dueño. Además, se valían de la violencia, el fraude o el engaño para apropiarse de lo ajeno.

¿Por qué se dice que el hurto y el robo están relacionados?

Ambas acciones tienen la finalidad de retener a alguien de sus pertenencias. Un ladrón, como el día de hoy, se aprovechaba de la oscuridad de la noche para entrar a hurtadillas en las casas. Estos revisaban si alguna puerta o ventana quedaba abierta y así hurtaba todos los artículos de valor que encontraban.

Por otro lado, estaba el delincuente que esperaba a sus víctimas, escondidos entre los matorrales, cuando ya había anochecido. Así que, al pasar las personas, salía a su encuentro con algún tipo de arma blanca y bajo amenaza le quitaba las cosas de valor que cargara para el viaje.

Eso fue la situación que ilustró Jesús, al hablar del buen samaritano. Él mencionó que un judío andaba por un camino y de sorpresa se encontró con un ladrón que hurtó sus cosas y lo golpeó, dejándolo tirado en el piso. Al parecer esta era una práctica muy conocida por sus oyentes, ya que el Mesías utilizaba situaciones cotidianas.

¿Existe algún tipo de hurto que sea aprobado por Dios?

Sí. En ciertos casos, realizar esa actividad se justificaba. Cuando una persona se tomaba algo que antes era de él y por derecho le pertenecía, no constituía un pecado que buscara las maneras de recuperarlo. Un ejemplo de esto, fue en los días de David. El rey Saúl y sus hijos murieron a manos de sus enemigos.

Estos le cortaron la cabeza y llevaron los cuerpos junto a las armaduras de sus víctimas a su ciudad para exhibirlas. No obstante, los habitantes de Jabés-Galaad, arriesgaron sus vidas y fueron hasta el sitio con el hurtar los cadáveres. Así que, la regresaron a su tierra y los enterraron allí. Con eso, le proporcionaron un final digno al ungido de Jehová.

Ahora bien, la mayoría de las veces las santas escrituras condenan el hurto. Incluso las normas que regía entre los israelitas, indicaba que la persona que incurría en este pecado, Dios lo condenaría. Por eso, si se apropiaba de un animal y era descubierto, tenía que devolver al dueño una compensación, que indemnizara los daños ocasionados.

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