Foso significado bíblico

foso

Definición. El significado bíblico de foso, es hoyo profundo que se cava sobre la superficie de la tierra. Este término, se empleaba con el fin de calificar las zanjas o franjas de origen artificial que pueden variar en tamaño y forma.

En los tiempos bíblicos, era común observar un foso con bastante profundidad del terreno y otros más sencillos. Asimismo, había algunos que se hacían con asfalto natural y que se encontraban en todo el valle de Sidim. De hecho, se sabe que los reyes de Sodoma y Gomorra cayeron y se hicieron daño sobre ellos.

Funciones del foso

En la antigüedad, el foso contaba con diversos usos que les conferían los hombres. Uno de los más reconocidos, fue cuando los hermanos de José decidieron arrojarlo después de su muerte, alegando que una mala bestia lo había devorado para, de esta forma, librarse de la culpa.

Asimismo, el foso les sirvió a las personas si deseaban esconderse del enemigo e incluso, ayudó a encerrar a los prisioneros. Sin dejar de lado, que muchos fueron los que arrojaron los cuerpos de sus semejantes fallecidos, alejándose sin ni siquiera volverlos a cubrir.

Otra de las funciones del foso, era proporcionar agua para beber a los hijos de Israel. Pues, tenía la capacidad de almacenar grandes cantidades que saciarían la sed de las personas. Además, era ideal si se quería tender una trampa a los animales como los leones o las gacelas.

Foso en sentido metafórico

La palabra foso, siendo metáfora, se basa en la oscuridad que invade el espíritu de los seres humanos, se le relaciona de manera directa con el infierno. De igual forma, describe el mundo interior del que parten las almas o los santos que Dios saca de la profundidad hacia la luz de la tierra.

El foso y el siervo de Dios

Cuenta una historia bíblica que existió un reo al que se le arrojó a un foso por medio de un decreto impartido por un rey. El cual, le dijo que si deseaba salvarse, Dios tendría que bajar a liberarlo. Sin embargo, este hombre demostró que era un siervo fiel del Señor, porque tuvo fe.

Al día siguiente, Darío volvió al foso de los leones y se percató que el prisionero estaba vivo y animado. Siendo así, que rescatara al condenado y aceptara la presencia de Dios en aquel lugar. Ante tal prodigio, supo que tenía que encomendarse bajo la gracia del Altísimo.

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