Diana significado bíblico

daiana artemisa

Definición. El significado bíblico de Diana es un nombre que tiene origen latino, en cuyo idioma significa princesa. Los romanos utilizaban este apelativo para las mujeres en honor de la diosa de su mitología. La cual fue adaptada de la misma deidad de los griegos Artemisa.

Se pensaba que una imagen de ella cayó del cielo y se talló en madera de ébano. Se adoraba en todo el continente Asiático antiguo, mientras que su templo principal se podía ver en Éfeso.

Culto a Diana

Se veneraba como la diosa de la caza y la protectora de los animales, también lo es de la luna. Por lo que sus representaciones mostraban a una mujer robusta, hermosa y cazadora. De tal manera, que se mostraba con un arco y flechas, además de un pequeño ciervo acompañándola. Arriba de su cabeza aparece una media luna.

En el momento que su imagen se llevó a Asia menor, se empezó a confundir con otras deidades, por ejemplo Astarté. A quien se le atribuían las cosechas y la fecundidad, de modo que en algunas estatuas se le ve muy abultada en los senos.

Diana en las sagradas escrituras

El término Diana en la Biblia solo aparece en unas pocas ocasiones y se emplea con el fin de referirse a la figura de la diosa. Pues, en tiempos de Pablo, mientras se encontraba en su ministerio de evangelización, se dirigió a Éfeso buscando convertir a unas cuantas personas.

Allí se produjo un disturbio debido a su misión. Ya que un platero a quien le decían Demetrio provocó que la gente se alzara en favor de Diana y en contra del Dios del apóstol. Él creaba mini templos de plata y figuras, así con sus trabajadores obtenían rédito económico.

Entonces, al ver que Pablo estaba atrayendo a muchos individuos, se quejó de que la población se aparaba de la diosa. Por lo que podría llegar un momento en el que perdieran su trabajo porque la gente ya no les compraría.

De la misma forma, se preocupó de que la imagen y centro de adoración de Diana se desestimara y destruyera. Cuando escucharon eso, los creyentes alzaron su voz coreando el nombre de Diana.

A Pablo se le recomendó irse del lugar y no presentarse al teatro. Luego llegó Alejandro, un judío, quien reconoció a ese sitio como guardián y protector de la casa de Diana. Así se recuperó el control y la asamblea se disolvió.

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