Cronista significado bíblico

cronista

Definición. El significado bíblico de cronista, es persona que tenía el oficio de recabar información de forma detallada. Aparece en el antiguo testamento. Este término, se refería a un individuo que organizaba los datos con el fin de explicar acontecimientos bastante relevantes de la historia que hoy en día, se apegan a la realidad.

El mejor ejemplo del oficio de un cronista lo observamos en los libros de crónicas uno y dos del antiguo testamento. Estos trabajos, se escribieron por orden del rey Ciro el grande (540 a.C.). El que, mandó a llevar a cabo esta tarea. En la que, se hacía la compilación de los nombres desde el primer ser humano Adán hasta el mismo rey.

Estos libros narran la historia en el inicio de los tiempos, recorren las vivencias del pueblo de Dios, que iba de Judá hasta Israel. Para terminar, con el relato de la liberación de los hijos del Eterno en cautiverio a manos del rey de babilonia. Cabe destacar, que a estas personas se les esclavizó y quitó su libertad por ordenanza de Nabucodonosor. Sin embargo, Ciro el grande los sacó de tales problemas.

Las crónicas de los reyes

Asimismo, se puede apreciar las crónicas del rey David en el libro de primera de reyes, así como, la de su sucesor, Salomón. De igual forma, continúan los relatos en el segundo, en el que, se narra la historia de los soberanos de Israel por más de cuatrocientos años, hasta el rey Joaquín. El cronista al que se le atribuye la redacción de estos escritos es el profeta Jeremías.

De cronistas a escribas fariseos

Los relatos bíblicos en el antiguo testamento, hacen referencia a los cronistas como personas con la capacidad de leer y escribir los relatos de la historia del pueblo de Dios. Tiempo después y a través del avance de los sucesos, se puede observar que estas personas evolucionan, para convertirse en escribas e intérpretes de la palabra de Dios. Lo cual, los coloca en una posición de poder.

Son muchos los relatos del nuevo testamento en donde Jesucristo se enfrenta a estos escribas, llamándolos fariseos e hipócritas. Pues, al contrario de lo que se esperaba de ellos, utilizaron la ley de Dios en su beneficio personal y no para acercar al pueblo hacia su presencia divina y su misericordia. Además de obtener recompensas en sí mismos, el Salvador los acusa de cerrar el reino del Padre en ellos, y en sus prójimos, por tergiversar su palabra.

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