Ananías significado bíblico

ananias

Definición. El significado bíblico de Ananías, es nombre de varios personajes cuyos registros aparecen a lo largo de las sagradas escrituras. Tal término viene del hebreo Hananyah que se traduce en español como Dios es misericordioso o posee gracia. Sin embargo, se sabe que existen otras formas diferentes que también proceden del griego.

En primer lugar, debemos decir que Ananías fue uno de los capitanes más relevantes que formó parte del ejército de Uzías y cuya historia se relata en el segundo libro de las Crónicas.

Según los textos que se tienen, este hombre peleó en la batalla y salió a la guerra por medio de divisiones en las que cumplió un importante papel. Todo esto, quedó registrado con la ayuda un escriba catalogado Jeiel y un gobernador al que conocían por Maasías.

Por otra parte, Ananías también fue el padre de un varón llamado Sedequías, quien, en vida, se desempeñó como uno de los príncipes de Joacím. Sus acciones pueden entreverse en el libro de Jeremías. Desde allí, se nos indica que trabajó en conjunto con Elisama, el secretario y con Delaía, Semaías y Elnatán.

En otro orden de ideas, a Ananías se le vio a su vez por ser el abuelo de un personaje a quien todos reconocían por Irías. En el libro de Jeremías, se menciona que este arrestó al profeta alegando cargos de alta traición, diciéndole que se pasara al bando de los caldeos.

En tanto que, el nombre de Ananías también le perteneció a un varón y cabeza de familia perteneciente a la tribu de Benjamín. Se sabe que este hombre vivió en su paso por la tierra sobre la región de Jerusalén y que permaneció al lado de otros personajes tales como, Elam y Anatotías.

Ananías de Damasco

De este hombre se tienen registros de que tuvo una visión en la cual el Padre Celestial le otorgaba la tarea de bautizar a Saulo de Tarso.

Pues, todos le consideraban vidente y podía conocer sucesos relevantes que acontecerían a través de las interpretaciones de sus sueños. De este modo, sintió miedo, pero Dios le tranquilizó para que ejerciera su santa voluntad.

Es así, como Ananías se dirigió a la casa de Saulo y le coloco ambas manos sobre el rostro. De modo tal, que pudo recobrar el sentido de la vista y más adelante, procedió a bautizarle, de la forma en la que Dios le encomendó.

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